Naturaleza, poder y conciencia

La naturaleza converge con lo racional y lo integral del ser humano; es la matriz originaria de la paz, la prosperidad y los lazos indisolubles que constituyen el cimiento sagrado de toda sociedad. Sin embargo, quienes debían darle vida y resguardo han terminado por arruinar y mutilar sus bases a lo largo del tiempo. Han torcido el pulso de la brújula moral, distorsionando los límites entre el bien y el mal.

Pese a errar de manera contumaz y caer bajo el dominio de dogmas falaces donde la mentira repetida se impone como verdad fáctica, el sistema perpetúa una tragedia recurrente. Libera a los culpables de siempre y sacrifica a los peones, fusibles transitorios de un periodo efímero llamado poder.

Ese mismo poder pierde credibilidad a pasos agigantados. Desprovisto de un auténtico liderazgo, que ha convertido la descalificación constante para aquellos que disienten, o que vislumbran en la otra orilla un bienestar común. ¿Hasta dónde la armonía de la naturaleza y sus habitantes torció su rumbo, cediendo ante las ambiciones de quienes golpean a escondidas para apropiarse de su dominio? Hubo un tiempo en que el hombre objetivaba su actuar desde la razón; hoy, en cambio, la esfinge del poder se alimenta de la retórica vacía y de propuestas mediocres que proliferan por doquier. Mientras el tablero y el comportamiento político son indiferentes a los principios de la naturaleza, la sociedad pierde la partida.

No se requieren más sacrificios de peones, no más luciérnagas apagadas en la penumbra de la complicidad, no más de lo mismo. Celeridad con la verdad es lo que la sociedad requiere de sus líderes, y no de lacayos disfrazados de tomadores de decisiones para el bien de pocos y no de una colectividad hastiada que, caída tras caída e inmisericorde, de a poco ya no se levanta apoyada en su rodilla. La naturaleza debe ser parte del encuentro con quienes la habitan; es imprescindible retornar a nuestros hábitos primigenios.

Paúl Cueva Luzuriaga

paulscueva@hotmail.com

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