El día del payaso

Leí en un periódico que el Congreso de El Salvador declaró mediante decreto, que el primer miércoles de diciembre se celebre el Día Nacional del Payaso. Por tal motivo, estos artistas salieron a la calle con sus vestimentas extravagantes, su maquillaje de colores, con sus bailes, bromas y chistes, a conseguir una sonrisa de la gente en esta pandemia que nos ha golpeado a todos.

Que en nuestro país se celebre el día del payaso es innecesario, porque si lo decreta la Asamblea Nacional, el resultado sería una payasada para sentarnos no a reír, sino a rumiar la humana tontería que obsesiona a la mayoría. Pero no son solo ellos, también la mayoría de aspirantes a reemplazarlos. Políticos y politiqueros que en su presentación como candidatos a asambleístas cumplen igual o mejor papel que payasos de circo. Se destacan porque al anunciar sus propuestas lo hacen con pirotecnias verbales, con razones sin juicio y sin el freno del buen sentido.

Y quienes los escuchan mueven la cabeza y sonríen por el maquillaje de sus palabras, que resalta aún más la mediocridad, que según el criterio irónico de José Ingenieros en su obra “El hombre mediocre” lo define como “un hombre sin personalidad, dócil, acomodaticio a todas las oportunidades, adaptabilísimo a todas las temperaturas de un día variable. Es un equilibrista, pero no un equilibrado. Serviles que merodean por los pasillos en virtud de la flexibilidad de sus espinazos. ¡Huy!. Son peligrosos porque aspiran a pensar con su cabeza y ese es el prejuicio del hombre mediocre”.

Por lo pronto es de esperar que nuestros candidatos a la asamblea, con las excepciones que las hay en todas partes, mejoren su nivel de preparación, para evitar confundir su “elocuencia” con un chiste de payaso.

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