Es responsabilidad de quienes asumimos la tarea de opinar, mirar los panoramas no como simples acontecimientos que se ciernen sobre la realidad inmediata, sino, ser capaces de mirar los contextos amplios como condición de posibilidad de la actualidad. Además, se debe comprender, que los espacios de opinión no son espacios para la defensa airada de militancias partidistas. Este tiene que ser el espacio de respeto a la pluralidad, al análisis, y a la gente, que llega a las páginas, no para ver reproducidas ciertas consignas, que por ser copia de panfletos, no alimentan a la reflexión ni a las ideas. Aunque a algunos les cueste demasiado, no se debe caer en el odio estéril que provoca confusiones, ni en el fanatismo que sustituye la razón por la simple repetición.
Opinar sobre la coyuntura política exige que se mire todos los tiempos de la política: lo que fue, lo que es, lo que será. Leer la realidad implica ir poniendo un pie en lo que sucede, otro en lo que ha sucedido para poder advertir de alguna manera lo que puede venir. La actualidad, para ser leída, tiene como condición un tiempo previo, un contexto previo, unas ideas previas. Sin la valoración de los escenarios que permitieron la existencia de unos u otros panoramas, todo análisis cojea, es insuficiente, y por lo mismo, sesgado y confuso.
Vivimos tiempos de confusión absoluta. Quien se acerca a leer busca luces para ir desbrozando el camino, y hay que procurar alimentar en algo los análisis, salirse del sentido común, fracturarlo, para pensar por fuera de la normalidad, de lo que se naturaliza y se muestra como verdadero, pero que no lo es.
Pablo Vivanco Ordóñez
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