El declive de Loja

Loja, desde tiempo atrás, dejó de ser esa ciudad que crecía a un ritmo sostenido, generando iniciativas que la ubicaron, tanto en el ámbito nacional como internacional, como una ciudad intermedia que a más de atender demandas centrales como la dotación de servicios básicos; respeto y utilización ordenada del espacio público; ordenamiento de mercados; cuidado del medioambiente; movilidad sostenible con el uso de la bicicleta y autos eléctricos; regeneración urbana; fortalecimiento de la actividad cultural; entre otros aspectos, se conectaba con el desarrollo económico, atada al incremento del turismo, la industria cultural, dinamismo productivo y la apertura de la bolsa de trabajo. Estamos hablando de una ciudad que con su propio esfuerzo dio claras lecciones que, desde el sur, se puede planificar y construir realidades que la engrandecen.

No obstante, el canibalismo político y la visión miope de politiqueros que nos les permite ver más allá de sus narices, creyendo que el mundo termina en las faldas del Villonaco, lo han estropeado casi todo. Pero también el declive o decadencia de Loja no sólo es culpa de mentecatos de oficio, sino también de representantes incapaces de exigir los derechos de Loja y su provincia, así como de un cándido electorado que una y otra vez ha sido engañado con cantos de sirena.

Basta mirar a Loja con sus vías de acceso destrozadas, un sistema vial provincial deplorable y baches que cubren buena parte de las calles y avenidas de la ciudad, para confirmar que estamos frente a una especie de aldea abandonada a su suerte, sin agua, sin servicios públicos eficientes.

De su parte, el Municipio de Loja, pese a existir una Ley Orgánica para la Optimización y Eficiencia de Trámites Administrativos, se especializa en burocratizar los procesos, convirtiéndose, penosamente, en una rémora para el desarrollo y proyectos de inversión que chocan contra un muro de irracionalidades e ineficiencias que indignan.

Giovanni Carrión Cevallos

@giovannicarrion

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