El calvario de la democracia: un Viernes Santo de conveniencias

Ecuador asiste a una de las representaciones más amargas de su historia política reciente. Mientras la fe convoca al pueblo a la reflexión propia del Viernes Santo, el Consejo Nacional Electoral ha decidido, de manera sorpresiva y cuestionable, adelantar las elecciones seccionales al 29 de noviembre de 2026, bajo el argumento de un informe sobre el fenómeno de «El Niño», el organismo electoral ha modificado las reglas del juego, configurando un escenario que, lejos de ser técnico, exhala un inconfundible tufo de conveniencia para el gobierno de Daniel Noboa. La justicia, ese valor que en estas fechas se busca con devoción, parece haber sido sacrificada en el altar del cálculo electoral. El adelanto de las votaciones inicialmente previstas para febrero de 2027 no es un ajuste inocuo. Al acortar los plazos, el CNE asfixia la capacidad de las organizaciones de oposición para definir candidaturas y democratizar sus procesos internos. Se castiga a quienes no gozan del presupuesto estatal y se beneficia a la maquinaria oficialista que, con una sincronía quirúrgica, acaba de decretar la reducción del IVA al 8% para este feriado de Semana Santa. ¿Es coincidencia o es la vieja política disfrazada de «gestión de riesgos»? Resulta una falta de respeto a la inteligencia de los ecuatorianos pretender que este cambio obedece puramente a razones climáticas. Mientras el ciudadano carga con la cruz de la inseguridad y el desempleo, el CNE le impone una nueva carga: la desconfianza institucional. Nos creen realmente estúpidos, resuena en la opinión pública ante la falta de independencia de un organismo con vocales de periodos vencidos que parecen actuar como meros notarios de la voluntad de Carondelet. En este Viernes Santo, la democracia ecuatoriana vive su propio calvario. La injusticia de competir en un tablero inclinado y la opacidad de un CNE alineado al poder de turno son sombras que oscurecen el futuro del país. Si el respeto a la voluntad popular es el alma de la nación, hoy esa alma se encuentra herida por la ambición de quienes, en lugar de servir al pueblo, se sirven del calendario para perpetuarse. No hay resurrección democrática posible sin instituciones que, por una vez, pongan la verdad por encima de la estrategia.

Marco A. González N.

marcoantoniog31@hotmail.es

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *