El amor perfecciona la justicia

La injusticia altera profundamente las relaciones entre las personas dentro de la sociedad. Si no hay justicia, no hay paz ni unión fraterna. La paz es obra o fruto de la justicia.

Pero no sólo la justicia debe ser suficiente para crear una sociedad más humana, más fraterna. La justicia debe ser perfeccionada por el amor. La Iglesia es fundamentalmente una comunidad de hermanos, que debemos amarnos como Cristo nos ha amado. La Iglesia, comunidad de amor, debe ser fermento de transformación de nuestra sociedad con la fuerza del amor. La anhelada transformación de la sociedad se realizará efectivamente cuando surja “la civilización del amor”.

Los caminos de Dios no son nuestros caminos. Como el cielo es más alto que la tierra, los planes de Dios son más elevados que nuestros planes. Dios es amor, Dios es rico en perdón.

La parábola de los trabajadores nos enseña, en: la que Jesucristo nos hace comprender que los caminos de Dios no son los nuestros.

En el Reino de Dios no existen las diferencias, todos somos iguales, pero aquellos que se consideran como primeros, deben ceder sus puestos a los que la sociedad consideran como los últimos.

Esto, nos exige cambiar de camino para seguir los caminos de Dios dejándonos conquistar por Su amor, y cumplir sus proyectos. Y, por otro lado, llamados a cultivar la viña del Señor, demuestra que Dios no se contenta con aplicar la estricta justicia, al pagar a los jornaleros el denario convenido.

Dios es generoso; procede no solo con justicia sino con amor, cuando recompensa con el mismo denario a los últimos que han trabajado sólo una hora.

Dios es amor y el amor no es injusto, pero rebasa la justicia.

Edgar A. Ojeda Noriega

eaguasysuelos1@gmail.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *