Dos senderos

En la lucha diaria por la vida, en las tempestades que cada día sacuden nuestras barcas, alcanzamos a divisar horizontes de honestidad, de bonhomía, de ejecutorias perennes, que nos señalan la ruta que conviene seguir. En mi caso, desde años muy mozos, conocí a personas que siempre he considerado ejemplos importantes. Dos de ellos han entregado su equipaje y han rendido sus cuentas finales en los últimos días.

Ya no recuerdo con claridad cuando conocí a Livio Tinizaray Abad, educador y militante social demócrata. Si lo busco con la memoria lo encuentro en frías noches de campaña, trabajando con el método y la precisión que siempre lo caracterizaron. Siempre firme en sus ideales y en la necesidad imprescindible de la honestidad en la vida política ecuatoriana. La última vez que lo vi, seguía en su labor partidaria con la misma tranquilidad de siempre, arrostrando todas las altas y las humildes tareas que la práctica política reclama. No supe que no lo vería más y que esa antigua ancla con el pasado también sería arrastrada por la implacable corriente fría de la muerte.

A Sergio Abad Villavicencio, recuerdo haberlo oído nombrar desde mi niñez en los ámbitos periodísticos.  Su presencia en la radio y en la tinta mañanera de los antiguos periódicos tipográficos de Loja son el testimonio vivo de su preocupación por nuestra provincia y de su lucha nunca interrumpida en contra del abandono y el centralismo. Por su amistad y fraterna consideración con mi Padre y luego por mi amistad con sus hijos, tuvimos cercanía. En su edad dorada impulsó incansable la Unión Nacional de Periodistas y le dio vida nueva. Hoy ha entregado sus cuartillas postreras a un tipógrafo ignoto que trabaja con tinta de eternidad.

Carlos García Torres

cegarcia65@gmail.com

Abrir chat