Ayudar a sanar

Nuestro punto de partida es que vivimos en una sociedad enferma (infirmis, no firme) que espera ayuda, caso contrario pernoctaremos en el infierno (infernum) un buen tiempo. El fondo de ojo de esta sociedad es la del buitre que dice ego (yo). El estadio individualista enfermo (egocéntrico) que vivimos es producto de la superación de dos estadios anteriores: el teocéntrico (hasta antes de 1789), aquí se valora lo divino; y el estadio antropocéntrico (la modernidad, desde 1789 hasta 1989), aquí se confía en el hombre («razón ilustrada») quien es el encargado de crear el «paraíso en la tierra», proyecto fracasado por su erróneo fundamento en la ética individualista kantiana, sociologismo ético de Hegel y en los maestros de la sospecha (Marx, Nietzsche, Freud). Hoy se habla de posmodernidad cuando ni si quiera se supera la modernidad con su lema «libertad, igualdad y fraternidad», ¿somos realmente libres, iguales y fraternos? Vivimos la peor de las pre-modernidades, los macro relatos (valores y virtudes) son sustituidos por los micro relatos del pragmatismo («bueno es lo útil»), del positivismo («lo que puede ser pesado, contado y medido por la ciencia») y el relativismo («nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal que se mira»). Las tres pes: poder, prestigio y peseta (dinero) nos constituyen como personas, hasta hay quien se ahoga por culpa del oro: «aquel día se salvaron todos los náufragos menos el ricachón que se ciñó al cinto cincuenta lingotes de oro». Nosotros amamos esta sociedad porque no nos gusta y nos duele, esto nos compromete a ser terapeutas compasivos para «ayudar a sanar el alma» de las personas y la comunidad, aunque sea pian pianito. 

Jorge Benítez Hurtado

jabenitezxx@utpl.edu.ec

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