Las discrepancias en la Asamblea Nacional son evidentes encaminadas a captar mayor poder, con fines imprevisibles, en los primeros actos de rebelión se han dividido los partidos políticos, se han vuelto enemigos irreconciliables, los amigos entrañables de ayer, cuando juntos luchaban por una misma causa, y empujaban la barca al mismo puerto.
Las disconformidades entre los miembros de la Asamblea hacen tambalear nuestra endeble democracia, mientras los ciudadanos comunes observamos absortos cómo nuestros mandatarios se ven enloquecidos por el poder, olvidándose de sus promesas de campaña, en la que ofrecieron servir desde una curul al humilde, a los ancianos y a los menesterosos de quienes en la actualidad ni se acuerdan o no les importa un comino.
El pueblo les confió el poder y los eligió en las urnas a los asambleístas para que orienten su accionar a las mejores causas, dictando leyes que rediman a sus mandantes y fiscalicen los actos del Ejecutivo, en forma crítica y objetiva, pero en el transcurso de su desempeño no se observa ni lo uno ni lo otro, porque se han dedicado a buscar provecho personal, familiar y partidario, olvidándose de sus mandantes, que los utilizaron con engañifas en campaña electoral para catapultarse al poder.
Si la distensión no llega a la Asamblea, más temprano que tarde terminarán disputándose el poder a “dentelladas”, y serán los sepultureros de nuestra democracia, en donde todos saldremos perdiendo y mucho más los sectores vulnerables de la Patria.
Luis Muñoz Muñoz