A Diana Guayanay Llanes la conocí como alumna en el colegio particular Eugenio Espejo: una estudiante entusiasta, responsable y soñadora (quizá entre sus sueños ya estuvo ser alcaldesa de Loja); con Pablo Quiñónez Riofrío, como hombres de cultura, en una ocasión, conformamos un jurado calificador para un concurso intercolegial de oratoria. (Pablo es integrante del foro de oradores de Loja). No sabía de sus aspiraciones políticas: participó para concejal, ganó, y ahora es vicealcalde. Franco Quezada, luego de un proceso administrativo, político y legal, fue cesado en sus funciones: quedó en deuda con Loja.
Diana y Pablo están en funciones desde el lunes 28 de julio y, de no pasar algo inusual, permanecerán hasta mayo del 2027. En sus discursos de posesión han ofrecido escribir su propia historia, fundamentada en el respeto a las normas constitucionales y a las leyes y ordenanzas que rigen la vida del cabildo lojano; tienen el aval de casi todos los ediles. Están conscientes del trabajo que les espera porque las necesidades de los habitantes del cantón Loja y sus parroquias no pueden esperar, sobre todo en lo referente a servicios básicos. Para ello deben hacer una evaluación del trabajo de su antecesor y abrir la puerta a un futuro esperanzador.
El primer problema que tienen que hacer frente es la carencia de agua; pues, hay barrios a los que el líquido vital no llega hace rato y el abastecimiento, a través de tanqueros, es bastante irregular. Deben trabajar para solucionar, de una manera definitiva, este problema que se ha tornado muy recurrente. Además, es evidente que, las calles de muchos barrios están llenos de baches que dificultan un tránsito fluido. De igual manera las veredas y parterres de varios sectores claman por una mantención adecuada. Los lechos de los dos ríos requieren de urgencia un tratamiento especial pues, dentro de ellos, existen árboles y troncos secos que, en época de invierno, con las palizadas, ocasionan las inundaciones.
Los lojanos esperamos que los cambios en el municipio no hayan sido solo de nombres, sino de mentalidad y acción positiva. Es la oportunidad que tienen para demostrar que son buenos administradores haciendo que cada empleado y funcionario, desde su responsabilidad, cumpla con eficiencia.
Darío Ganda Astudillo
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