Durante algún tiempo se ha designado a cierto sector de la sociedad como “generación de cristal”. Esta es la generación que es demasiado “sensible” porque exige que todo tenga un filtro de lo que es políticamente correcto. Es así que muchas personalidades públicas desde políticos a comediantes han sido tachados de misóginos, racistas, machistas, etc.
La crítica a esta generación proviene del derecho a la libertad de expresión. Y también viene de un falso sentimiento de nostalgia que indica que “todo tiempo pasado, siempre fue mejor”. ¿Antes todo estaba bien? ¿Cuando los padres criaban con castigos físicos a sus hijos, cuando las mujeres tenían que sentirse alagadas de que alguien las “piropee” en la calle, cuando las “razas inferiores” conocían su lugar y no intentaban tener derechos o ser políticos, cuando habían “valores” de verdad?
Resulta graciosa esta supuesta defensa de la libertad de expresión, pues esas generaciones pasadas que hoy están tan ofendidas sienten pavor cuando las críticas caen sobre ellos. Cuando ven pañuelos verdes, desesperadamente intentan callar esas voces, cuando ven un poncho rojo rápidamente sacan sus argumentos “pacíficos” para decir que “no son racistas o machistas…PERO…”.
También hay que preguntarse, qué generación es verdaderamente de cristal. Comunidades LGBTI, indígenas, colectivos feministas, campesinos; han tenido que soportar todo el clasismo, machismo o racismo que la sociedad puede ofrecer y aun así siguen luchando. Pero dos hombres quieren casarse y esa generación de pasadas glorias se vuelve loca y su llanto se escucha más que esos niños que crecen en orfanatos.
La generación de cristal, no es más que un eufemismo, que es utilizado por quienes recuerdan los viejos tiempos con nostalgia, cuando se podía ser racista y machista, sin castigo alguno.
Alex Samaniego
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