No fue con una «borrachera del carajo», como prometía el exdirigente deportivo convertido en obsecuente recadero de Rafico, pero, la mayoría de los ecuatorianos celebramos, con euforia y optimismo, el triunfo de la alternativa democrática que representó el actual presidente electo, Guillermo Lasso, que impidió, además, el retorno del «correato» autoritario y corrupto.
Hasta el «riesgo país» reaccionó positivamente al grado que se redujo drásticamente en 350 puntos. Sin duda fue una buena noticia, pues, mientras menor es este indicador, menor es también el «costo del dinero» y la desconfianza en el país de los mercados financieros y potenciales inversionistas internacionales.
Luego de la merecida celebración llegó la hora de afrontar la triste realidad ecuatoriana. Para muestra un botón: en el año 2020, el PIB, (principal indicador del crecimiento económico) tuvo una tasa de – 7,8 %; significativamente menor a la tasa de 1999, que fue de – 4,7 %, y que se produjo en el marco del feriado bancario, adopción de la dolarización y derrocamiento del expresidente Mahuad.
El Ecuador tiene un estancamiento económico sin precedentes en su historia. Los grandes culpables son la nefasta política económica del «correato» y la cruel pandemia del coronavirus que azota a toda la humanidad. El triunfo de Guillermo Lasso abre un halo de esperanza para los ecuatorianos, pero, debemos tener claro que salir del pantano depende de todos.
Gustavo Ortiz Hidalgo
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