Muchos nos preguntamos: ¿Por qué la democracia dialógica vigente en nuestros países danza, pero no avanza y comunica incomunicando? Los defensores de este tipo de democracia se basan, por lo general, en la razón dialógica propuesta por Apel, Habermas, Alexy, entre otros. Estos pensadores se limitan a establecer procedimientos ideales para un diálogo perfecto, pero no bajan al mundo de los diálogos concretos, donde las papas queman. De esos polvos tenemos estos lodos, es decir: tres cuartas partes de la humanidad pasan hambre; violencia generalizada que se plasma en todo tipo de guerras; corrupción galopante en instituciones estatales; narcotráfico; anomia; entre otras. Mientras tanto los dialógicos siguen con sus mesas de discusión, seminarios, congresos, simposios, debates; porque lo suyo son las ideas, los idilios bobos de simetría y trasparencia de la racionalidad cartesiana, el sueño del demiurgo burocrático, esa racionalidad de las dos barcas que desde arriba (la barca de la democracia dialógica) se limita a lanzar buenos consejos a los de abajo (la barca de los empobrecidos); mientras orondos y mirondos los de arriba ven como se hunde la tripulación de abajo. Ante esta realidad, urge sembrar una democracia profética, cuya razón comienza con la conversión personal ante el sufrimiento de las personas que precisan de mi concurso y de mi ayuda. Esta democracia invita, a partir de ahora, a mirar la realidad y vivir de otro modo; cambiado el corazón del propio corazón y regalarlo a los demás (metanóesis). El profeta no adivina el futuro ni predice catástrofes, sino que muestra el camino, lo que se debe hacer y evitar para poder vivir mejor. Hay que rectificar las conductas temporales (con urgencia hacer las cosas sin esperar que el vecino se adelante) y las espaciales (cultivar la grandiosa carencia de necesidades); crear una política de valores (teoría) y virtudes (práctica) sin olvidar que los valores inferiores se fundan siempre en los superiores.
“El profeta no lanza consejos desde su barca, sino se sube a la barca de los que sufren”.
Jorge Benítez Hurtado
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