870 años A.C. hubo un banquete tan opulento y ostentoso que quedó registrado para la historia, la mayor muestra de poder, riqueza y brutalidad. Este fue el de Asurnasirpal II, rey de Asiria.
Igual se registra la Cena de Cleopatra y Marco Antonio en el año 41 A.C., señalada como la más cara de la historia. Y por supuesto, no se puede dejar de lado las Bacanales Romanas o Fiestas en honor a Baco, que evolucionaron de celebraciones religiosas a orgías multitudinarias.
Pero por qué es importante esto, y es que el poder de un rey, emperador o gobernante históricamente se ha mostrado y ostentado desde la puesta en escena de una bacanal, de un banquete y de cuanta opulencia puede mostrar hacia sus cortesanos. Precisamente porque son escenarios que generan un impacto cultural mostrando símbolos de poder a todas luces.
Y aun qué son prácticas tan antiguas como la civilización misma, su funcionalidad, sus proporciones incluso sus aberraciones no han cambiado ni mermado en ninguna medida. Al contrario, vivimos en una sociedad obnubilada por la abundancia, la riqueza y la opulencia; de la cual creemos que es el estado non plus ultra, al cual nunca llegarás, pero intentas imitar.
Ahora, imagínate tan solo: en esta pomposidad propia de la Plutocracia, donde está la persona más custodiada del mundo, cenando en el lugar más seguro, frente a las personas más poderosas del momento y con la seguridad pública y privada más capacitada del mundo, se produce un atentado. ¿Que podría salir mal?
NADA, tan solo que la empatía social que NO tienes, la consigues a través de un acto de vulnerabilidad e indefensión, donde paradojamente el hombre más poderoso del mundo se convierte en Victima por unos segundos.
Lastimosamente la política moderna se construye de narrativas, no de hechos, y lo terrible es que hay incautos que no solo creen, sino que compran y venden esa mentira; y esto a las puertas de una campaña política local, dime tu dónde crees que estallará la próxima violencia electoral.
Jorge Ochoa Astudillo
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