Corte Constitucional bajo fuego, mientras la tragedia se teje en silencio

La marcha del 12 de agosto no fue una expresión ciudadana, sino un acto orquestado por el propio gobierno de Daniel Noboa una estrategia evidente para responsabilizar a la Corte Constitucional de males que son, en realidad, consecuencia directa de su ineficacia. Mientras tanto, el país sigue sumido en una crisis de seguridad y salud pública que exige respuestas urgentes. Ecuador registra ya 4 619 homicidios en el primer semestre de 2025, un aumento del 47 % respecto al mismo periodo del año anterior. Esto equivale a más de un asesinato por hora, proyectando una tasa anualizada de 52 homicidios por cada 100 000 habitantes: la más alta en la historia del país y de América Latina. Las masacres carcelarias, el control territorial de bandas y la expansión del narcotráfico son síntomas de un Estado que ha perdido el monopolio de la seguridad. Pero mientras las calles se tiñen de sangre, los hospitales se vacían de insumos. Entre el 23 de julio y principios de agosto, doce recién nacidos murieron en el Hospital Universitario de Guayaquil. Aunque las autoridades hablaron de causas “multifactoriales”, dos de los casos estuvieron vinculados a una bacteria resistente a antibióticos, clara señal del deterioro de la infraestructura sanitaria. Este hecho es la punta del iceberg: desnutrición infantil que supera el 25 % en algunas provincias, niños que mueren por falta de medicamentos básicos y familias obligadas a comprar jeringas, sueros y hasta guantes para que sus hijos sean atendidos. El gobierno prefiere señalar a la Corte Constitucional como obstáculo, pero ninguna Corte dicta que se recorte el presupuesto en salud, que se abandone la prevención del crimen o que se deje sin insumos a un hospital. Esa es responsabilidad política y moral del Ejecutivo. La marcha del 12 fue, en el fondo, una maniobra para cubrir con ruido la incapacidad de gobernar. Defender la Corte hoy es defender los contrapesos democráticos, pero también es exigir que la prioridad sea salvar vidas, desde los niños que nacen en incubadoras hasta quienes caminan cada día bajo el miedo de la violencia.

Marco A. González N.

marcoantoniog31@hotmail.es

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