Columna apolítica

Esta no es una columna política. No escribiré sobre los ecosistemas que están colapsando ni exigiré políticas para la urgencia climática. Tampoco analizaré la pobreza multidimencional ni las causas de la desnutrición crónica infantil. No mencionaré estadísticas de las mujeres violadas o asesinadas por la violencia machista. Ni examinaré el racismo sistemático del país. Y obviamente no hablaré de la relación entre el sistema económico y la violencia del narcotrafico.

Quiero escribir una columna con la que no se ofenda nadie. Evitar a cómo de lugar los debates incómodos. Quiero ser políticamente correcto. Escribiré una columna fría y analgésica, de esas que les gustan a todos. Algo así, como hablar de lo bello que es el atardecer, y ahorrarme el comentario de la influencia de contaminantes en su color.

Hablaré entonces, desde la moral más cómoda. Mejor no hablo desde la moral heroica, porque ahí lo importante es la valentía, y se pueden ofender los cobardes. Mejor ni menciono la moral empática, porque en ella la felicidad y la libertad sólo tienen sentido si el otro las comparte, y se pueden incomodar los que se aprovechan de la desgracia del otro. Quizá con la única moral que no incomodo es con la moral individualista, ahí me centro en mí y no molesto a nadie. El único problema es que la comodidad política es incómoda para quién tiene algo de consciencia. Y creo que, sin quererlo, ya he sido muy político.

Fernando Cortés Vivanco

fernandocortes.fjcv@gmail.com

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