Como lo dicta la historia, septiembre es el mes de conmemoración de la gesta política más importante de Loja y su provincia: la Declaratoria de Loja Federal. A la luz de los tiempos, es una necesidad repensar la organización centralista de la administración política del país, incluyendo no solo las viejas críticas a la concentración geográfica del poder, sino también a los imaginarios que se van creando alrededor de pertenecer a un centro y otros a una periferia.
El momento de globalización por el que atravesamos, exige pensar a las ciudades no solo como nichos locales de administración de la dinámica que se genera producto del ritmo propio de los pueblos, sino que obliga a pensar en términos globales, de interacción mundial, de conexión a los nodos internacionales: todo ello por efectos de incorporarse a esa cadena ‘indetenible’ de la historia.
Ahora bien, como toda luz tiene una sombra que no siempre es considerada como importante, hay que mirar quienes van quedando relegados de ese tránsito hacia ‘arriba’ y hacia ‘adelante’. Los afanes de eso que llamamos ‘desarrollo’ -y que harto tiene de cuestionable- siempre va inaugurando abandonos y miserias.
Es momento entonces de repensar el federalismo en pleno trance de globalización, y de repensar también el centralismo administrativo que se genera en las propias provincias; porque si Loja denuncia el centralismo de Quito, los pueblos al interior de la provincia pueden demandar lo mismo a Loja. Mientras vamos hacia adelante en la búsqueda de nuevas conquistas, vamos abandonando a los secos y tristes pueblos que solo se encienden en la fiesta del santo de su devoción.
Pablo Vivanco Ordóñez
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