Me precio de fomentar y de respetar la amistad frente a cualquier borrasca de la vida, por eso rechazo la deslealtad entre amigos. Hace unos días fue espectacularmente señalada como una de las damas de la corrupción la presentadora Carolina Jaume, favorita de las masas en las pantallas de nuestra televisión nacional. En la noche de esa caída el también presentador y periodista Carlos Vera, anunció que esa persona había huido del país por la frontera sur y que existían pruebas fotográficas contundentes para probarlo. Hasta allí ninguna novedad, una de tantas fugas que sirven para rellenar los noticieros televisivos. Lo interesante ocurrió al día siguiente cuando la señora Jaume hizo público un vídeo en el cual desmentía la presunta fuga y explicaba que es buena amiga de Vera, que él conoce su casa y a su madre, que comparten tertulias regulares y que no estaba muy bien que fabrique una noticia que la afectaba. En la noche Vera se limitó a reconocer secamente su error como si nada hubiera pasado. Una conducta caballeresca y encantadora que da luz sobre el fuero interno de este personaje, y sobre el valor que otorga a la amistad.
El 16 de abril el Presidente Noboa, anunció que su Ministra de Energía, jovencísima como todo su gabinete, había saboteado la producción de electricidad y que recaía sobre esos núbiles hombros toda la responsabilidad por los apagones descontrolados que empezaba a sufrir el país. Encantador estuvo también el señor Presidente lanzando a los lobos a quién él mismo nombró, con quien compartió viajes y gabinetes de trabajo y que, en un momento determinado, sirvió sólo como carne de cañón para interminables memes y como mero instrumento para fines políticos inmediatos. La lección que nos deja todo esto es que el poder y la riqueza no necesitan “panas”, les bastan los acólitos.
Carlos García Torres
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