Buen viaje, Hermes

Como una centella de luz, fue la infausta noticia de la partida al paraíso celestial de Hermes Eduardo Guarnizo Jiménez, quien, a sus 60 años, terminó su obra terrenal destacada por su entrega al trabajo y especialmente a su familia. Su esposa, María Carolina Abad Guamán, fue su inspiración, junto a sus 3 adorados hijos: Evelin Edith, Yessica del Carmen y Jonathan Eduardo Guarnizo Abad.

Para quienes profesamos la religión católica, la muerte no es otra cosa que el paso a la felicidad eterna. Como todo luchador, Hermes enfrentó tormentas y desafíos, apelando a su coraje como rocas firmes en medio del oleaje, resistiendo el embate de las adversidades. Sin embargo, su sagacidad estuvo presente para transformar la oscuridad en luz y la ceniza en fertilidad.

Hermes Eduardo prestó sus servicios por varias décadas en el Gobierno Autónomo Descentralizado de Espíndola y, como no podía ser de otra manera, en retribución a su labor, fue objeto de un emotivo homenaje póstumo por parte de sus compañeros, amigos y de todo un pueblo que lo recordará como el amigo sencillo, pausado, alegre y servicial.

A la familia, les expresamos nuestra sentida condolencia y aunque ellos están convencidos de que su llegada al cielo es una bendición; no obstante, su ausencia física marca un hondo dolor en sus corazones. Pero esa misma melancolía será recompensada por su recuerdo, su legado y su cariño que profesó en calidad de padre.

¡Buen viento y buena mar, amigo Hermes!

Sybel Ontaneda Andrade

sybelontanedandrade@gmail.com

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