Banksy o el árbol en la pared

Banksy es invisible pero sus obras están en lugares públicos. Es un grafitero, un opinador de la política desde los paredones, un activista, un artista (?). Su rostro no lo conocen y sobre su biografía casi nadie sabe nada. Sus obras lo han llevado a la fama, porque irrumpe en las ciudades, e incómoda con su propuesta que hinca el nervio de lo que sucede a diario pero que preferimos callarlo. Usa la polémica y le resulta. Va contra el pensamiento anestesiado por el ritmo de las ciudades, y la indiferencia nacida de la comodidad de los mundos paralelos. Intenta mostrar lo que todos tienen delante pero no quieren ver.

Su última propuesta hecha en Londres nos dice mucho del mundo en el que estamos. Un árbol de cerezo está podado, y solo se ven sus ramas mutiladas. Detrás del árbol en una pared de un edificio de cuatro pisos, una gran mancha verde simulando el follaje del árbol cortado. En la esquina inferior de la pared, está pintado de verde una figura humana que sostiene una manguera rociadora similar a las que se usan para fumigar. De la naturaleza solo queda el tronco, y el color es un artificio, como si lo sustancial de nuestras vidas fuese artificial en nuestros tiempos.

La política en el mundo de hoy tiene una imagen similar: quieren representar con la propaganda lo que no existe, quieren pintar colores donde solo hay decadencia. A lo verdaderamente importante lo relegan o lo intentan adornar. Consideran a la gente como un espectador y le crean imágenes para suplantar la realidad, para entretenerla. La obra no está en el lugar tradicional de la representación artística, y la política tampoco está solo en las instituciones que dicen representarlo.

Lo importante es donde la gente habita, transita, y discurre su vida.

Pablo Vivanco Ordóñez

pablojvivanco@gmail.com

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