Al empezar un nuevo año, es común escuchar frases trilladas sobre nuevos comienzos y mejores versiones de nosotros mismos. Pero, ¿qué tal si esta vez nos proponemos algo más realista y necesario? ¿Qué tal si nos comprometemos a dejar de lado la hipocresía, la envidia y los malos sentimientos?
Sería un cambio refrescante ver menos máscaras y más honestidad. Admitámoslo, a veces somos hipócritas sin darnos cuenta, diciendo lo que creemos que los demás quieren oír en lugar de lo que realmente pensamos. ¿No sería mejor empezar a ser sinceros, aunque incomode un poco? Al fin y al cabo, la honestidad es una forma de respeto tanto para nosotros como para los demás.
La envidia es otro gran lastre. Ver cómo otros logran lo que nosotros deseamos puede despertar sentimientos negativos, pero en lugar de permitir que nos consuma, deberíamos usar esa energía para motivarnos. Celebremos los éxitos ajenos y trabajemos en nuestros propios sueños. La envidia no solo es tóxica, sino que nos aleja de lo que realmente queremos lograr.
Y los malos sentimientos… esos que guardamos rencorosamente en nuestro corazón. El resentimiento y la ira solo nos hacen daño a nosotros mismos. Perdonar no significa olvidar o justificar, sino liberarnos de un peso innecesario.
Comencemos este año con un propósito claro: vivir de manera auténtica, apoyándonos en la honestidad, la gratitud y el perdón. Dejar atrás la hipocresía, la envidia y los malos sentimientos no solo hará que nuestras vidas sean más ligeras, sino también más genuinas y felices. ¡Feliz año nuevo y que sea auténtico para todos!
Victoriano B. Suárez Álvarez
victorianobenigno@gmail.com