Alternativas para mejorar la educación

La educación, siendo un proceso cognitivo y formativo maravilloso, pues se trata de iluminar con el conocimiento a las mentes que lo desconocen, siempre será un tema en permanente innovación o quizá regresión, en cada gobierno, que quiere encontrar la fórmula perfecta para que los educandos alcancen niveles de alta intelectualidad.

Los cambios de denominación de los elementos educativos han sido una constante: en la parte teórica ha transitado por plan de estudios, programa, malla curricular, lineamientos curriculares, aprendizaje por competencias, etc. Lo que en definitiva apunta a los contenidos que los estudiantes deben conocer de conformidad con su año de escolaridad o colegiatura hasta lograr su titulación de bachiller.

Otro asunto que ha sido objeto de variación es el bachillerato por especialidades que en el 2014 fue reemplazado por el bachillerato general unificado que, luego de 9 años, pierde vigencia para volver al de antes. Posiblemente el recomendado y adecuado para los estudiantes, con miras a la universidad, sea el bachillerato por especialidades.

Volvemos a los trimestres desde el nuevo ciclo escolar en la Costa y luego será en Sierra y Oriente. Los quimestres (dos por año lectivo), posiblemente alejaron a los comprometidos en los procesos educativos: docentes, estudiantes y padres de familia, a llevar un control y hacer el seguimiento adecuado de los avances programáticos denotados en las evaluaciones.

Aquel malhadado invento de abrirle al alumno un abanico de posibilidades para aprobar el año lectivo también llega a su fin, con la sensata decisión que ha tomado el Ministerio de Educación de que, en caso que el estudiante no haya cumplido con los requisitos legales (entiendo que serán mínimo 21 putos, 7 por cada trimestre), deberá rendir un solo examen supletorio, con lo que se eliminan los remediales y de gracia que, sin duda, alentaban a fomentar el quemeimportismo de los educandos.

Así los cambios que se anuncian y que esperamos se cumplan para bien de la educación ecuatoriana, mientras haya un respeto total de los padres a los espacios que necesitan los docentes para su trabajo, y no alienten a la irresponsabilidad de sus hijos.

Darío Granda Astudillo

dargranda@gmal.com

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