Es muy propio de ciertas carreras, sobre todo de áreas técnicas, la instrucción en procedimientos específicos del cálculo, la medición, aplicación de formatos y fórmulas similares, conocimiento de herramientas y técnicas que permitan las intervenciones, la memorización de los escenarios posibles y sus respuestas acertadas, etc. Son currículos hechos simplemente para tener mano de obra calificada que pueda responder inmediatamente a las necesidades de la producción, de la industria, y del mercado. El saber simplemente está al servicio de lo cuantificable.
Todo ese desarrollo venido de la mano con el despliegue de las tecnologías, ha ido en detrimento de la concepción de la formación humana, del cultivo de la conciencia, del pensamiento crítico, del diálogo interdisciplinario, de la discusión real de conceptos que se hablan pero que carecen de un contenido útil para todos.
Hay que hacer posible que las cortapisas del individualismo y del antropocentrismo, se debiliten con programas de estudio que no solo privilegien la formación técnica del estudiante, sino que se encarguen de ampliar las fronteras del pensamiento, de la imaginación y la creatividad. Necesitamos seres humanos con conocimientos provechosos para el desarrollo social de la vida común, que sirvan para el mejoramiento de los múltiples contextos de la vida cotidiana.
En medio de todo este escenario de productividad y eficiencia, es preciso preguntarse sobre el modelo de sociedad que piensan desde sus ofertas las universidades ecuatorianas, y más aún las lojanas, que se precian de ser insignes por el número de alumnos, o por el número de graduados.
Pablo Vivanco Ordóñez
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