Adiós a Lenín Moreno

Nuestro país acaba de sobrevivir a una de sus peores crisis. Ciertamente que, si analizamos la historia, entre terremotos, sequías, excesos de lluvia, dictaduras y malos gobiernos, ninguna crisis se compara como la sufrida estos últimos 4 años.

Un presidente, que para empezar, se traicionó a sí mismo al echar lodo con ventilador al Gobierno del que él fue su segundo hombre al mando (no estamos analizando la buena o mala gestión del correato); un gobierno que multiplicó la deuda externa y en el que ninguna obra social se ha constatado, excepto los viajes pomposos de la cúpula y el reparto de cargos públicos.

La administración del presidente Moreno se pasó entre escándalos, casos de corrupción y levantamientos que hábilmente aplacaba con la complicidad del COE, poniendo como pretexto la pandemia.  Se lleva mucha sangre en sus manos, se lleva crímenes y desaciertos como haber entregado a Assange a las garras del lobo, se lleva una crisis profunda que bien pudo haberla saneado si no hubiera preferido pagar miles de millones de dólares a las entidades financieras internacionales en detrimento de la salud, educación y vivienda de su pueblo.

La gestión de su gobierno se limitó a cambiar logos a lo largo y ancho del país y a colgar su retrato con montos para obras que nunca hizo. La corrupción que hasta ahora conocemos, se simplifica en repartos de hospitales, amarres con conocidos pillos de corbata, abandono total del país y una abultada propaganda mediática.

Finalmente, y para terminar de jodernos, declara que hubiera querido un mejor pueblo, probablemente a la altura de su desgobierno. Ciertamente que el presidente Moreno no irá a parar al basurero de la historia como muchos lo aseguran, no irá a parar allá porque nunca salió de él. 

Hever Sánchez M.

hever.sanchez@unl.edu.ec

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