¿Quién le paga al país?

Hay una insensatez profundamente arraigada en el discurso social que se suele repetir sin pensar: la de agradecerle al gobernante de turno por las obras, la educación o los servicios públicos como si se tratara de un mecenas bondadoso que reparte favores desde su chequera personal. Se escuchan frases como «gracias a este presidente estudié» o «este mandatario nos hizo la carretera». Basta de esa ilusión paternalista. Ni el gobernante regala nada de su bolsillo, ni el Estado produce riqueza por generación espontánea.

La verdad económica, aunque a muchos políticos y ciudadanos les incomode, es implacable: todo el andamiaje estatal se sostiene con los bolsillos del pueblo. La data oficial es contundente; los impuestos que pagamos diariamente los contribuyentes representan cerca del 70% de los ingresos corrientes del Estado. De los más de USD 17.500 millones que tiene previsto recaudar el fisco el 2026, la mayoría proviene del esfuerzo ciudadano: casi USD 9.000 millones del IVA (adquisición de bienes y servicios) y USD 5.100 millones del Impuesto a la Renta (empleados, trabajadores y empresas). Esto se complementa con aranceles, tasas y las rentas soberanas de los recursos naturales del subsuelo (petróleo, minería, gas, etc.), que pertenecen indiscutiblemente a la nación, no al político ni al partido de turno.

Al revisar la historia económica reciente, desde la época de la bonanza petrolera hasta los complejos periodos de estrechez y ajuste fiscal, se evidencia que los recursos cambian de volumen, pero el origen es idéntico. En los ciclos de bonanza se despilfarró y endeudó bajo la ilusión de una riqueza infinita; en los periodos críticos el sacrificio pesa sobre el contribuyente. Sin embargo, la lógica de fondo no varía: el gobernante no es un benefactor generoso, sino un administrador temporal de fondos ajenos que pertenecen al pueblo.

Cuando se distorsiona la realidad y se aplaude al gobernante cual benefactor caritativo, se despoja al ciudadano de sus derechos y se debilita el control social. Al administrador se le exige eficiencia, transparencia y rendición de cuentas, jamás gratitud sumisa. No se le agradece al cajero por entregar el dinero; se le exige que te devuelva con honestidad tus ahorros, de tu trabajo y tu esfuerzo.

Pablo Ortiz Muñoz

acuapablo1@hotmail.com

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