La enseñanza por competencias es un modelo educativo que nace en la década de 1960 y 1970 y curiosamente dentro del sector empresarial y la psicología industrial. En esa época la presión económica, industrial, militar y espacial impulsaron reformas educativas para que la escuela respondiera de forma más práctica a las demandas del mercado. A partir de los años 2000 este modelo se masificó para alinear la educación básica y superior con la empleabilidad y los desafíos de la globalización. Ante esto, no estoy en contra de la enseñanza por competencias, más bien nos oponemos a la implementación de este modelo con fines utilitaristas, centrado en desarrollar en los estudiantes competencias y habilidades unidimensionales y funcionales para beneficio del capitalismo global hegemónico, es decir, un nuevo taylorismo o fordismo en educación. Hoy tenemos una enseñanza por competencias cada vez más despersonalizada, es decir, competencias para incompetentes antropológicamente (como si el estudiante “competente” hubiese resuelto las cuestiones difíciles de la vida al sacar al mercado algoritmos y celulares de última generación). Mientras tanto en la superficie del planeta tierra tenemos la despersonalización de nuestras vidas, el fracaso de matrimonios y familias, la violencia física y psicológica, guerras por doquier, drogadicción y aumento del narcotráfico, entre otros problemas que tienen que ver con la escuela, el colegio y la universidad y no con el club de los poetas muertos. Urge crear un nuevo proyecto educativo en el que esté presente las competencias referidas a la persona misma en relación, esto es: en la que los estudiantes aprendan a ser personas compasivas (buenos samaritanos), a relacionarse con la sociedad, a trabajar por la justicia y la paz , a cooperar y mirar con profundidad crítica las cosas, a comportarse de forma relacional con la naturaleza, a decir la verdad aunque el mundo se le venga encima, a relacionarse de tal o cual modo con lo que le trasciende, que propongan cambios estructurales desde la escuela para que los derechos humanos y de la naturaleza no se queden en el papel. Una escuela humanista relacional debe apostar por desarrollar la competencia de todas las competencias, a saber: la competencia antropológica y pedagógica para el cuidado, protección y exaltación de la vida y la dignidad; sin estas las modernas “competencias” solo acrecientan día a día la incompetencia básica para la mera supervivencia.
Jorge Benítez Hurtado
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