Ecuador no trabajará el viernes 20 de noviembre. El Decreto Ejecutivo 507 suspendió la jornada, sin posibilidad de recuperarla, para animar a la gente a viajar al Festival Internacional de Artes Vivas de Loja.
Sostengo que el festival merece aplausos y el decreto merece preguntas. Apoyar la cultura es una cosa. Detener a un país entero para hacerlo es otra, y esa segunda decisión exige explicaciones que hasta ahora no vemos.
Un día de descanso no es gratis. Lo paga el dueño del local que cierra, la fábrica que frena su producción y quien cobra según lo que trabaja. Al ser una jornada no recuperable, el costo es real y se reparte entre todos. Frente a eso, el Municipio de Loja anuncia una inversión de 750.000 en esta undécima edición. ¿Qué estudio demuestra que el beneficio compensa el freno? No lo conocemos.
Además, el reparto es desigual. El movimiento económico se concentra en hoteles, restaurantes y comercios de una sola ciudad. La pérdida, en cambio, se esparce por todo el territorio. Un emprendedor de Machala o de Ibarra no debería subsidiar con su día perdido una fiesta a la que quizá nunca vaya. Una política cultural seria mide su impacto y lo publica. Un decreto de ocasión no lo hace.
Loja merece calles llenas de arte, y mi crítica no apunta contra el festival. Pero un país que descansa por decreto debería saber, antes de cerrar la puerta, cuánto cuesta ese descanso.
Santiago Paul Saraguro Jaramillo
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