Las aulas de las universidades lojanas vuelven a llenarse. Con el regreso a clases de los universitarios, la ciudad recupera su pulso. Sin embargo, se empieza a observar una metamorfosis silenciosa: la consolidación de lo que en mis investigaciones denomino el «Sujeto IÁtico». Hablo del individuo que, seducido por la inmediatez, delega su capacidad de leer, sintetizar y dudar a la Inteligencia Artificial (IA). Esto no es algo lejano; es una realidad hoy día.
Un estudio reciente de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) validó la escala de «AIlessphobia», revelando que un 4,7% de los estudiantes ya presenta riesgo de dependencia problemática hacia la IA, experimentando ansiedad o falta de confianza académica si no pueden usarla para resolver sus tareas. El estudiante obtiene la respuesta correcta del algoritmo, pero se salta el conflicto cognitivo vital para aprender.
Por otro lado, investigaciones de la Universidad de Chile alertan sobre cómo interactuar con herramientas como ChatGPT aumenta en los estudiantes universitarios la «ilusión de aprendizaje»: creen comprender un tema profundamente, cuando en realidad solo están consumiendo respuestas superficiales.
El peligro real no es el fraude o los futuros malos profesionales, sino la atrofia del pensamiento crítico y la apatía cívica que nace de no pensar por nosotros mismos. El reto docente no es prohibir la tecnología, sino devolver la humanidad al aula. Debemos hacer preguntas que requieran contexto, ética y experiencia vital. Hoy, la universidad debe ser el último refugio de la incomodidad intelectual, porque equivocarse y pensar sigue siendo nuestra única libertad, porque dejar de pensar es, simplemente, el primer paso para dejar de ser.
Victoriano Benigno Suárez Álvarez
victorianobenigno@gmail.com