El tablero aún se mueve

El actual mapa electoral ecuatoriano parece armado, pero en realidad apenas empieza a dibujarse. Precandidaturas que hoy suenan seguras, alianzas que se presentan como cerradas, todo eso todavía puede moverse, romperse o rearmarse en cuestión de semanas. Confundir esta etapa con un resultado definitivo es un error que la ciudadanía, y hasta algunos medios, cometen con frecuencia.

La inscripción y calificación de candidaturas ante las juntas provinciales electorales es apenas un filtro administrativo, no una fotografía final de quiénes estarán realmente en la papeleta. Quedan por delante impugnaciones, tachas, resoluciones del Tribunal Contencioso Electoral, renuncias estratégicas y, sobre todo, la dinámica propia de las alianzas, que en Ecuador suelen negociarse y renegociarse hasta el último momento permitido por la ley.

Las alianzas electorales agregan una capa adicional de incertidumbre. Un binomio o una lista puede calificar bajo una alianza y, semanas después, esa alianza fracturarse por diferencias internas, dejando a los candidatos en un limbo jurídico que el Reglamento de Alianzas no siempre resuelve con claridad. Lo vimos con movimientos suspendidos, con precandidaturas que migran de partido, con cálculos de última hora que reordenan todo el tablero.

En esta coyuntura, hablar hoy de ganadores o favoritos es prematuro. El escenario sigue siendo un borrador sujeto a revisión judicial y política. La prensa y el elector harían bien en tratar cada calificación como un dato provisional y no como una certeza, porque la experiencia reciente demuestra que en Ecuador la papeleta definitiva rara vez coincide exactamente con el primer listado inscrito.

Entender esta volatilidad no es pesimismo, es realismo jurídico. Y en un proceso electoral, el realismo suele ser más útil que la ilusión de certeza anticipada.

Daniel González Pérez

dagonzalezperez@gmail.com

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