Ante la solicitud de revocatoria de mandato impulsada por el Frente Popular, la UNE, el FUT y diversas organizaciones sociales, la respuesta del Gobierno de Noboa no ha sido la rendición de cuentas, sino el atrincheramiento jurídico y el miedo al veredicto de las mayorías.
La reciente impugnación presentada por la Presidencia ante el CNE no es una defensa técnica; es la confesión abierta de un régimen desgastado que le teme a la democracia directa. Pretender calificar de «inconstitucional» o «desestabilizadora» esta iniciativa carece de sustento real y choca de frente con las vivencias populares.
Mientras el sector financiero celebra récords históricos de ganancias, el pueblo llano enfrenta la inseguridad, la desocupación, el encarecimiento de la vida y el abandono de la obra pública. La estrategia oficialista apunta a desmantelar los sectores estratégicos, debilitando operativamente a empresas como Petroecuador para justificar su entrega a manos privadas, lo cual demuestra que el presidente actúa en estricta consecuencia con sus intereses de clase burguesa.
La realidad del país es demasiado cruda para ser maquillada con encuestas amañadas o narrativas de fantasía en redes sociales. El descontento social ha tomado fuerza y se consolida bajo la bandera de un antinoboismo mayoritario que exige abastecimiento de los hospitales, trabajo seguro, educación para todos, cero corrupción. Las movilizaciones de protesta frente al CNE no hacen más que ratificar que el pedido de los formularios no es el capricho de unos pocos dirigentes, sino el canal legítimo de una avalancha popular contenida.
El pleno del CNE se encuentra hoy ante una encrucijada histórica. Cuentan con un plazo legal para decidir si dan paso al trámite o si actúan una vez más como el escudo político del poder de turno. Si las instituciones bloquean el ejercicio democrático de la revocatoria, solo lograrán profundizar la indignación social.
La lucha continúa en las calles y en las urnas, porque la soberanía radica en el pueblo y es el pueblo quien decide cuándo un mal gobernante, un indolente e incapaz, debe largarse a su casa.
Remo Cornejo Luque
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