Alianzas… voy contigo, con ese y aquel

Cuando los llamados “políticos partidistas” son capaces de posicionar en los electores ideas menores con palabra mayores, estamos frente al cataclismo de la democracia y la pérdida de los valores morales, sociales y éticos del quehacer político de una sociedad.  En el Ecuador, la política se ha desprestigiado -no por sí misma- sino por la pérdida de valores de quienes dicen representar los intereses de la población debidamente ganados en las urnas. Posiblemente estemos transitando el culmen de una postmodernidad que amenaza con arrasar las estructuras de valores y destruir los sistemas éticos que marcaron una hoja de ruta en la educación formal; aquella que se orientó en el “deber ser”, principal axioma de Immanuel Kant, basado en el respeto a la moral.  Dice Adolfo Suárez: […] “Cuando la política se llena de hurreros (o aduladores), se vacía de conciencia. El hurrero no cuestiona ni propone, solo sigue a quien le promete favores”. […] Esto es común en nuestra politiquería ecuatoriana, pues los franeleros de los politicastros solo esperan un favor, un reparto de la quesera y el pueblo que haga cola.

Desde la vertiente académica podemos señalar con propiedad que, la política, es la más noble actividad del ser humano porque mediante su accionar, se pueden realizar muchísimas tareas relacionadas con las necesidades reales de las personas como la educación, la salud, crear trabajo, dar seguridad o procurar la paz. Son los hombres quienes han desprestigiado y subvertido el sentido axial de la política; por ejemplo, en los colegios, desde muy temprana edad, los niños deberían ir conociendo de qué se trata la política y recibir una adecuada formación ciudadana para valorar lo que tenemos, para saber cuál es el espacio público y qué significa construir sociedad. Esto nos permitirá destruir aquella sentencia de Robert Louis que decía: […] «La política es quizá la única profesión para la que no se considera necesaria ninguna preparación.» […] Al contrario, la transferencia de conocimiento y tecnología nos obliga a buscar la mejor preparación para generar bienestar ciudadano a través de políticas pública de calidad.

Bajo esta cruda realidad, hoy los caciques y caudillos han buscado arrimarse con este, ese y aquel para salvar su trozo de parcela política que les ha permitido burlarse de la voluntad popular. Cuando se pretende instaurar solo una idea, la propia, o no hay tolerancia ante el que piensa diferente, no hay espíritu democrático. Si la idea de democracia se pretende imponer desde una visión maniquea o nacida de un solo criterio, estamos ante una concepción autoritaria y prepotente de los mismos de siempre; para que esto cambie les deseamos: …buen viento… y buena mar.

Lenin Paladines Salvador

leninb14paladines@gmail.com

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