Los juegos del hambre

Un ambiente comprimido, cargado de sensaciones encontradas, anticipan lo que pasará en este torbellino político. Desde la mirada y astucia de quienes están diestramente anclados a la política y otros al poder como participes de las seccionales, el escenario es un bon appétit. El hambre aflora por cooptar el destino de su localidad, alejándose del puntal principal: la propuesta sería, pertinente y moral de lo que se debe hacer en un periodo tan corto como son cuatro años, frente a problemas estructurales que arrastramos desde hace un cuarto de siglo sin solución. 

El perfil del político va tomando forma, se configura un Caballo de Troya que ingresa a los hogares con una propuesta imponente, ocultando en su interior verdaderas intenciones que, si bien el ciudadano puede presentir activando su sexto sentido, termina ganando por la ingenua sensación de darle una oportunidad al candidato, augurando que esta vez no nos falle. 

Y es que hoy se habla de perfiles personales, no de posturas ideológicas, no de pensamientos, no de propuestas que deberían provenir del buen quehacer de los partidos políticos, instituciones que han perdido el horizonte y la razón misma de su existencia. A este escenario se suma un marco normativo divorciado de la realidad, que impone la aplicación de lo inexistente. 

Pese a ello “los juegos del hambre” de quienes aspiran a llegar a los sillones seccionales sigue latente. Hoy se muestran más estereotipados que nunca, presentándose como mesías salvadores adoptando el comportamiento de Judas: mintiendo y vendiendo lo falso como bueno por una mísera bolsa de monedas que, al final, se convertirá en la cruz que cargarán a cuesta sus propios vasallos sanguíneos. 

Al final los mandantes –los menos favorecidos y, a la vez, obligados espectadores– esperan la hora de ir a una nueva contienda del hambre con cestas vacías, pero con mucha ilusión. De repetirse por equivocación supina la elección de un posible mentecato, los juegos del hambre se reducirán a lo que ya sentenció el poeta romano Juvenal: “panem et circenses” (pan y circo).

Paúl Cueva Luzuriaga

paulscueva@hotmail.com

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