Innovar en educación no solo es posible, sino que transforma vidas. Necesitamos que nuestros estudiantes aprendan bajo un modelo que desarrolle el pensamiento crítico, la comprensión profunda y habilidades reales para la vida ¿Es posible educar distinto? ¿Es necesario enseñar y pensar de forma diferente?
Nos hacemos preguntas sobre la educación tradicional, donde se da por sentado que, una vez que los niños aprenden a leer y escribir, ya están listos para aprender, cuando en realidad solo comienzan un proceso donde nadie los acompaña. La casi totalidad de escuelas tradicionales se parecen entre sí. Sus contenidos, sus estructuras, sus ambientes, sus maestros y sus fines son iguales; como si los sujetos que forman fueran idénticos. Debemos ofrecer algo que va más allá de los contenidos: un pensamiento sólido y práctico que prepare a los estudiantes para la realidad laboral y vital.
En nuestro país, el 22% de los universitarios abandona la carrera en el primer año y 6 de cada 10 jóvenes trabaja en áreas ajenas a su formación. En la actualidad la IA, ha transformado la forma en que accedemos a la información. Hoy en día, cualquier estudiante puede obtener un resumen de un libro en segundos. Sin embargo, surge una pregunta vital: ¿saben nuestros hijos procesar, cuestionar y usar esa información de manera ética y original? Frente a una escuela concentrada en el aprendizaje de informaciones particulares, el mundo actual exige la formación de individuos con mayor capacidad para el análisis, la interpretación y la síntesis. Recordemos que la participación en el sistema educativo no garantiza la comprensión lectora. Debemos hacer más para ayudar a todos nuestros niños a que aprendan a leer. El 40% de nuestros niños de ocho años no puede leer por su cuenta. Finalmente necesitamos una educación que fomente la autonomía, que el estudiante piense, valore y actúe por sí mismo y en el que la educación lo ayude a elaborar su propio proyecto de vida. Cambio y fuera.
Richard E. Ruiz O.
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