La Feria Ganadera San Juan de Pózul, que este año alcanza su edición número 15, es un acto de resistencia productiva, un respiro económico para una zona golpeada por el desempleo, el mal estado de los caminos y la indiferencia estatal.
Con la designación de Henry Vera Arizaga como presidente del Comité Organizador, el pasado 30 de abril comenzó la cuenta regresiva hacia el evento más importante de la zona. Pero lo que distingue a esta feria de otras no es su antigüedad ni el número de cabezas de ganado que se expongan. Lo que la hace especial es su objetivo central: dinamizar la economía local, no engrosar las arcas del comité.
En tiempos donde todo parece medirse en utilidades, Pózulapuesta por un concepto dinamizador: que el beneficio se distribuya entre todos los actores del territorio, desde el pequeño agricultor hasta el transportista, desde el artesano hasta el dueño del modesto local de comida.
Y es que el efecto encadenado de la feria es su mayor fortaleza. Cuando los compradores llegan al recinto ferial, no solo adquieren animales. También compran alimentos, ocupan transporte, consumen en tiendas locales, adquieren artesanías y generan movimiento en una economía que, fuera de esta fecha, suele permanecer aletargada.
Por eso, el comité ha decidido mantener los espacios de gastronomía y emprendimiento. No es un detalle menor: reconocer que la feria es una vitrina para todos, y no solo para los grandes ganaderos, es una decisión política que merece ser destacada. Este año, la corona la lucirá la señorita Milagros Espinoza, oriunda de Naranja Pamba e hija de un ganadero de la zona.
El programa de la feria arranca el 20 de junio. Los concursos de ganado son el alma del evento: mejor vaca lechera, mejor vacona, mejor toro reproductor de leche y carne, mejor lazador. El comité ha incorporado categorías que conectan con el sentir popular. La mazorca de maíz más pesada, la planta de yuca más pesada, el burrito Fashion, el ternerito Fashion y, por supuesto, la gallina Fashion, son una muestra de que la feria no se toma demasiado en serio a sí misma, justo lo que necesita un pueblo para reunirse y celebrar.
César Sandoya Valdiviezo
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