Hay una imagen que debería avergonzarnos, una abuela en el corredor del Hospital Eugenio Espejo, con una lista de medicamentos en la mano y sin un centavo extra para comprarlos. Los médicos la miran con vergüenza. Ellos tampoco tienen que darle. A mayo de 2026, el 33,81% de los fármacos del IESS están desabastecidos. No es una estadística fría. Es la madre diabética sin insulina. Es el niño con leucemia esperando quimioterapia. Es el anciano con hipertensión que compra media pastilla porque no alcanza para entera. ¿Cómo llegamos aquí? La respuesta tiene nombre y apellido. El gobierno de Noboa redujo el presupuesto de salud de 3.217 millones en 2023 a 2.798 millones en 2025, el piso más bajo en una década. En dos años, el régimen ha visto desfilar a siete ministros de Salud. Como si la salud del pueblo fuera un cargo de confianza política y no una responsabilidad de Estado. Como respuesta a tanto desastre, Noboa anuncia con fanfarria medicamentos desde India: un contrato de compra directa de entre 40 y 50 fármacos. Suena a solución. Pero los hechos dicen otra cosa. Entre 2024 y 2026, la OMS detectó jarabes contaminados, medicamentos falsificados y graves fallas de calidad en lotes fabricados en India. La OMS vinculó fármacos de ese origen a la muerte de cerca de 300 niños en Gambia, Indonesia y Uzbekistán. En noviembre de 2024, seis mujeres murieron en Karnataka tras recibir infusiones intravenosas contaminadas, y la empresa fabricante continuó distribuyendo sus productos. India tiene laboratorios excelentes y laboratorios que matan. El 10% de sus medicamentos vendidos en países con escaso control farmacéutico carecen de potencia elemental. Ecuador, con su institucionalidad fragmentada y siete ministros en dos años, ¿puede fiscalizar cada lote? Expertos advierten que la compra centralizada concentra la corrupción en lugar de eliminarla. Del menudeo corrupto a la corrupción al por mayor: eso no es solución, es escalar el problema. ¿Por qué se recortó el presupuesto de salud cuando la gente más lo necesitaba? Importar medicamentos de emergencia no es política pública. Es un parche sobre una herida que ellos mismos abrieron. El pueblo ecuatoriano no necesita anuncios televisados. Necesita hospitales con médicos, con insumos, con dignidad. Esa abuela sigue esperando. Y nosotros seguimos preguntando: ¿hasta cuándo?
Marco A. González N.
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