El Ecuador donde todo escandaliza… pero nada pasa

Hay algo profundamente extraño, y doloroso, en el Ecuador de hoy. Nos indignamos cinco minutos en redes, compartimos memes, discutimos entre “zurdos” y “fachos”, y luego seguimos como si nada. Como si no fuera grave que un país se acostumbre al escándalo diario y a la mentira administrada desde el poder.

La verdad es que nos han entrenado para vivir cansados. Cansados de cuestionar, de contrastar, de pensar. Mientras tanto, el gobierno juega su mejor carta: el conflicto permanente. Un enemigo nuevo cada semana. La conspiración, el sabotaje, el correísmo, los “desestabilizadores”, los “enemigos de la patria”. Todo sirve para justificar errores, silencios y hasta evidencias incómodas.

Porque, curiosamente, cuando aparecen casos como PROGEN, títulos exprés, privilegios académicos o procesos judiciales dudosos, nunca pasa demasiado. Caen mandos medios, algún funcionario sacrificable, pero las cúpulas permanecen intactas. Y los grandes medios, salvo honrosas excepciones, hacen malabares para convertir la propaganda en noticia y la crítica en “odio político”. Ya no fiscalizan al poder; lo maquillan.

Y aquí viene lo más preocupante: mucha gente lo sabe. Lo comenta en voz baja. En el taxi, en la universidad, en el mercado. Pero después termina defendiendo aquello mismo que le golpea el bolsillo y le erosiona la dignidad. Como si pedir justicia social fuera resentimiento. Como si exigir transparencia fuera “polarizar”.

Nos hicieron creer que pensar en soberanía, derechos o comunidad es romanticismo inútil. Que lo único importante es el riesgo país, aunque el país real siga lleno de desempleo, miedo y abandono. Y es ahí donde uno entiende aquella sensación amarga: no estamos dormidos… estamos resignados.

Pero ningún poder es eterno cuando la gente empieza a perder el miedo y recuperar la memoria. Ahí, recién, comienza el verdadero despertar ciudadano, y ya es tiempo de volver a tener conciencia.

Álex Daniel Mora Arciniegas

alexmorarciniegas@gmail.com

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