El poder es efímero, transitorio, tiene un lapso que transcurre vertiginosamente y su final es una ventana a la gloria… o un camino al despeñadero. Quienes están en el poder -gran parte de cabildantes- tratan de trascender en la función pública, de escribir una página gloriosa en la historia de una institución, para ello, siempre será bueno y meritorio: ser auténtico, servir con transparencia y vivir con dignidad.
El poder se lo gana en las urnas, pero se lo merece en el desempeño de sus funciones; cuando los cabildantes confunden el objeto de su accionar, la administración se vuelve caótica, conflictiva, clientelar, no hay horizonte que cobije una labor social comunitaria, pues a la vuelta de la esquina, su gestión es pobre, de mala calidad y perjudica a los mandantes.
La soledad del poder condena sin misericordia a quienes han abusado del mandato popular, los excluye de la realidad social y los inscribe en las páginas negras de la historia. En la otra cara de la moneda, es decir, para quienes han trascendido en el servicio público eficiente, el resultado es halagador, gratificante y en muchos casos aprueban con honores su desempeño.
Mujeres y hombres han caminado por el umbral de la excelencia, existen cabildantes que han marcado una huella que ha sido luz para las nuevas generaciones, bien por ellos; mientras que otros, producto de sus desafueros o desequilibrios mentales, hoy navegan por las aguas turbulentas de la mediocridad y encallan sus destartalados barcos en las profundidades de la amargura.
Hay cabildantes que han forjado una vida digna a través de su atildada gestión comunitaria y su invalorable aporte al desarrollo del cantón, ellos tienen un lugar preferente en los corazones de los lojanos; en las calles, en los parques, en los registros históricos de cada una de sus comunidades; mientras que otros con menor gestión quizá, o con antecedentes… no aceptables por decir lo menos, viven en el rincón de la soledad… o en la pobreza de sus ideas, o peor aún, en el frío invierno que sacude con furia los actos burdos de quien abusó del poder con los desatinos de la corrupción; para que la historia también los censure les deseamos: …buen viento… y buena mar.
Lenin Paladines Salvador
leninb14paladines@gmail.com