La pretendida muerte del libro en la actualidad no pasa de ser un mero espejismo (los muertos que vos matáis gozan de buena salud); sin embargo, ahora los nuevos no-libros (entre ellos los e-book), presuntamente sustitutos de los libros de siempre, continuarán pagando el peaje de volver a ser nuevos libros. Pero ¿Qué es el libro? Para el hiperecologista, un paso más en la desertización del suelo. Para un alumno un tanto desventajado, un tormento. Para profesores narcisistas, sobre todo su librillo. Para los renuentes a la lectura, una mala ocurrencia. Para el nuevo rico, un objeto de decoración. Para el medroso, llevan a la sabiduría a unos pocos, a la locura a muchos. Para el Diccionario, conjunto de muchas hojas de papel. Para muchas personas, el mejor amigo del hombre y compañero de viaje. Para Quevedo, un descanso y una paz: «Retirado en la paz destos desiertos,/ con pocos, pero doctos libros juntos,/ vivo en conversación con los difuntos,/ y escucho con mis ojos a los muertos.» Para los franciscanos, un tesoro: «nuestra Orden no tiene tesoro de mayor estima que los libros útiles para el estudio». ¿Y para este humilde escribidor? Todo o casi todo, porque los libros nacen del libro de la vida y en él desembocan; por este motivo prefiero una buena masa de libros a los medios de masa. Ellos, los libros, son las abejas que llevan el polen de una cabeza a otra. De todas formas, con el libro las editoriales necesitan sobrevivir, los autores otro tanto, o buscar notoriedad, cuesta lo suyo escribir, alguna compensación siempre es bienvenida, y el escritor también un ser humano, aunque alguno se crea divino. En fin, hagamos apología del libro siempre, no solo en su día, atendiendo a este Codex miscellaneus del siglo XI: «El libro es lumbrera del corazón;/ espejo del cuerpo;/ confusión de vicios;/ corona de prudentes;/ diadema de sabios;/ honra de doctores;/ vaso lleno de sabiduría;/ compañero de viaje;/ criado fiel;/ huerto lleno de frutos;/ revelador de arcanos;/ aclarador de oscuridades./ Preguntado responde,/ y mandado anda deprisa,/ llamado acude presto,/ y obedece con facilidad./ Fin.»
Jorge Benítez Hurtado
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