Qué mejor momento que la conmemoración al Maestro Ecuatoriano, para rememorar brevemente a un maestro que acaba de viajar a la Patria Celestial: Galo Terán Arteaga, abriendo un importante vacío en la historia musical de Loja, tierra que le brindó el derecho a llamarse lojano, en la que forjó buena parte de su trajinar como intérprete, compositor y formador de juventudes.
Aquí fue además donde extendió sus raíces filiales, junto a su compañera y esposa: Clemencia Ludeña Jiménez, con quien, construyó un hogar sólido y un acorde de cinco notas fraternas, sus hijos : Lorena, Margoth, Galo, Myriam y Mónica. Con ella -que ya se le adelantó en el viaje a la vida eterna- hilvanó un hogar sólido, donde el amor y la armonía fueron el techo que cubrió sus alegrías y también las penas, que nunca faltaron para fortalecerlos.
El tiempo ha pasado, pero no el suficiente como para olvidar el esplendor de esa Loja romántica del ayer; Loja de casitas de tapia y tejas de ladrillo; ciudad de kermeses, matinés bailables, festivales de la Lira y la Pluma; y, serenatas al pie del balcón de la mujer amada. De esa Loja, aún sin celulares, internet, ni redes sociales, que ofrecía a propios y extraños, apacibles jornadas para el quehacer creativo. Ésa era la época en que el maestro Galo se vestía de frac para ejecutar su guitarra en agrupaciones como: Los Rockings, Los Celtics, Estudiantina Ciudad de Loja, y el legendario Conjunto Universitario, dirigido por el maestro Edgar Palacios.
Tuve el honor de saludar a diario al maestro Galo, en los predios del conservatorio Salvador Bustamante Celi, institución donde por varias décadas entregó lo mejor de sí, en calidad de concertista y maestro de juventudes.
Lamentamos su reciente partida física, pero nos reconforta el reencuentro con su amada Clemencia, y el legado cultural, artístico, y ético que dejó para las nuevas generaciones, entre las cuales están maestros talentosos y calificados, poniendo en práctica lo que aprendieron de este maestro de maestros.
William Brayanes
wbrayanes@gmail.com