Hoy quiero proponer un término: IÁtico.
Las personas IÁticas son sujetos perfectamente adaptados a su tiempo: eficientes, rápidas, resolutivas. Pero también progresivamente dependientes. Han externalizado procesos que antes definían su autonomía: escribir, analizar, decidir, incluso dudar.
Durante años hemos discutido qué pueden hacer las máquinas. Pero la pregunta relevante nunca fue esa. La pregunta real es qué empieza a dejar de hacer el ser humano cuando las máquinas lo hacen por él.
Michel Foucault explicaba que el poder más eficaz no es el que prohíbe, sino el que produce sujetos. En ese sentido, la inteligencia artificial no solo transforma el trabajo o la educación: está produciendo un nuevo tipo de individuo. Uno que ya no necesita enfrentarse al vacío de la hoja en blanco, ni al esfuerzo de construir una idea desde cero. Uno que puede funcionar sin atravesar la incomodidad del pensamiento.
Aquí es donde el problema deja de ser técnico y se vuelve ético y político. ¿Qué ocurre cuando una sociedad entera empieza a preferir respuestas inmediatas sobre procesos complejos? ¿Qué tipo de ciudadanía emerge de ahí?
Marcuse ya advertía sobre el riesgo de una sociedad que produce individuos perfectamente adaptados, pero incapaces de cuestionar el sistema que los define. El IÁtico es, en cierto modo, una actualización de ese diagnóstico: un sujeto funcional, pero cognitivamente delegado.
No se trata de rechazar la tecnología. Eso sería ingenuo. La cuestión ya no es si vamos a usar inteligencia artificial. Eso está decidido. La cuestión es si vamos a seguir siendo capaces de pensar sin ella. El IÁtico no es el futuro. Es el presente.
Victoriano Suárez Álvarez
victorianobenigno@gmail.com