Los seres humanos, en algún momento de nuestra vida, necesitamos un baño de espiritualidad (contacto con la divinidad), y qué mejor hacerlo durante la Semana Santa que, comenzó ayer con el Domingo de Ramos, antes celebrado con apoteosis, con fieles eufóricos portando ramos y recordando la entrada de Jesús en Jerusalén; ahora, con cierta moderación, pero con mucha fe.
Los días siguientes de esta semana están consagrados a revivir los momentos culminantes de la vida de Jesús sobre la tierra, con lecturas bíblicas del Nuevo Testamento que nos traen a la memoria la Instauración de la Santa Eucaristía (Jueves), la muerte del Salvador en el Gólgota (Viernes), en cumplimiento de lo que decían las Sagradas Escrituras porque, como Dios no debía morir; por eso, luego del duelo del Sábado, resucita glorioso el Domingo, confirmando los misterios y dogmas en los que se sustenta la religión Católica.
Estos recordatorios bíblicos vienen acompañados de varias ceremonias y lecturas que enriquecen las creencias de los católicos, invitándonos a reflexiones profundas sobre el perdón, la entrega desinteresada; y, sobre todo, el sacrificio, como entregar una vida por los demás.
En Loja, y en la mayoría de ciudades ecuatorianas, el Viernes Santo, día de la pasión de Jesús, se realizan una serie de actividades que ponen a la fe en un lugar superlativo, mediante procesiones con imágenes de Jesús del Gran Poder y la Virgen Dolorosa, mientras muchos católicos caminan descalzos, cargando pesadas cruces o infringiéndose castigos corporales (actos penitenciales), y la realización de viacrucis vivientes, como ocurre en nuestra ciudad: un evento tradicional que concentra a miles de creyentes.
Ahora que nuestra patria vive momentos tan críticos, con una inseguridad y criminalidad disparadas hacia todos los lados y sin control; con problemas tan graves en materia de salud que, nadie puede solucionar, con una política cargada de bajas pasiones, intereses inconfesables y polémicas innecesarias, y un largo etcétera, cuán importante sería que esta semana, en el momento de golpearnos el pecho como acto de constricción por nuestras culpas, hagamos la promesa de reivindicarnos y reivindicar a nuestro país para luchar por el bienestar de todos los ecuatorianos que, realmente, merecemos mejor suerte; que dejemos de vivir un eterno viacrucis.
Darío Granda Astudillo
dargranda@gmail.com