La Exitoína

Has leído a Eduardo Galeano, o quizás escuchado sus comentarios literarios, políticos o futboleros. Pues bien, entre lo mucho que ha desarrollado el Genio de la “Venas Abiertas”, también se dedicó a interpretar la realidad latinoamericana a partir de su cultura, su historia y sus referentes.

Y acuño un término que, en versión simple, explica mucho las causas de las peores desdichas. Y para ello se refirió a la “exitoína”, a la que señala como la droga invisible, que no detectan los análisis de sangre u orina, y que destruye al individuo al obligarlo a actuar siempre como la estrella de la fiesta, en una constante adicción devastadora a la fama y el éxito, siendo está droga más peligrosa que la cocaína.

El que menos ha probado o estado cerca a alguien que probó las mieles del Poder, sabe que esa sensación de ser inalcanzable, de dominio absoluto, de autoridad, te posiciona en el altar de la benevolencia, la compasión, la piedad o la indulgencia. Desde aquella instancia de poder el éxito se visibiliza como una cualidad propia, crees que lo obtenido es efecto de tus buenas decisiones, de las estrategias usadas para llegar al cargo, de la habilidad social y ajedrecista para moverte en el entorno, y no de una cadena de eventos que la casualidad y la causalidad forjaron para ello, menos del trabajo de tu equipo.

Entonces inconsciente o lo que es peor conscientemente te vas transformando en el infame deleznable ser que entra en un círculo de peligrosa autodestrucción. El poder empieza a nublar la perspectiva, la paranoia te consume, vez la conspiración en cada persona, en cada aliado; y con un éxito desmedido también empiezas a atacar desmedidamente a tu opositor, perseguir, vengar, acosar. Te crees poseedor de los cuerpos y las almas, y hasta creas espacios cerrados para confinarlos. Pero lo más peligroso es que te circundas de plebeyos aduladores, que si bien aplauden tus acciones lo que hacen es confinarte más en tu lecho cerrado, alejándote cada vez más de la realidad, de la verdad y de la gente. Entonces el síncope es inevitable y la caída no tardará en llegar. Porque la el dinero y la fama puede prevalecer, pero el poder, siempre, siempre es efímero.      

Jorge Ochoa Astudillo

jorge8astudillo@gmail.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *