Milagros gratis

El centralismo es un virus contagioso que se propaga rápidamente. En estos días ha infectado a la Asamblea Nacional dando como resultado un brote de reformas del Código Orgánico de Organización Territorial y Descentralización que afectarán gravemente el desempeño de los gobiernos autónomos descentralizados. La idea general de esta norma siempre fue otorgar la mayor autonomía posible a las comunidades para que pudieran gobernarse por sí solas. Se buscaba romper la dependencia política y económica con los grupos de poder enquistados históricamente en las alturas del sector público y naturalmente inmunes a cualquier cambio político. Se buscaba, además, que personas conocedoras de la realidad específica de cada pueblo encontrasen las mejores soluciones para los problemas locales. Para todos los ecuatorianos, excepto para los legisladores que votaron por este proyecto, resulta evidente que un funcionario, desde un despacho de Quito, mal puede entender los males de todos los territorios y las culturas del Ecuador.

Los reformistas sueñan con milagros. Esperan que con la fórmula 70/30 y sin que el Estado central desembolse un céntimo, según es costumbre establecida, se produzcan las obras milagrosas que redimirán al pueblo. Amenazan también con una disminución de las rentas para los municipios que no cumplan con el propósito loable de destinar un setenta por ciento del presupuesto a inversión y un treinta por ciento al gasto corriente. Ahora bien, la división entre lo que constituye inversión y lo que se considera gasto es un asunto enormemente ideológico. La nueva derecha que nos gobierna y los políticos ambiciosos que son sus acólitos, nos dirán que cualquier desembolso para fines culturales o educativos es un gasto condenable, debiendo considerarse como inversión solo las obras indispensables de acuerdo con el criterio centralista.

Es claro entonces que esto permitirá al Ministerio de Economía y Finanzas favorecer o hundir a los gobiernos descentralizados siguiendo criterios ideológicos, electorales o simplemente revanchistas. Una vez más se entroniza el capricho sobre la razón. Una vez más se legisla con la mirada puesta en lo inmediato. Una vez más la placentera contemplación del propio ombligo embriaga a los asambleístas oficiales.

Carlos García Torres

cegarcia65@gmail.com

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