Stalin Alvear ha muerto. Su partida deja un profundo dolor y vacío en la sociedad lojana, así como en el campo de las letras y cultura del Ecuador. La muerte, en forma inesperada, nos priva de una de las mentes más lúcidas y prolíficas que tiene el país. No obstante, su respetado trabajo literario queda plasmado en obras como: El viaje de Simón Bolívar a Loja; El reino de los vencidos; Transhumantes en busca de otra vida; El menos pequeño de los burgueses; Voces y pisadas; la Muda que habla; Antes que me olvide (memorias), etc., textos en los que destacan su excepcional imaginación, un estilo depurado y, sobre todo, el sello característico tan propio de un hombre que nunca olvidó sus raíces, es decir, su fuerte compromiso con la justicia social.
Y es que Stalin Alvear, será recordado como uno de los más destacados intelectuales lojanos, pero también como un extraordinario ser humano, cercano al pueblo y de firmes ideas y convicciones socialistas que definieron su accionar en la esfera de lo público y privado, evidenciando una trayectoria nítida en la que las contradicciones –en el mundo de las ideas- no tuvieron nunca espacio. Con su muerte se va, sin duda, una de las reservas morales de la región sur y de la nación. Empero, nos queda su ejemplo y ese gran sueño de constructor de una sociedad diferente a la que tenemos, donde el nuevo hombre, ante todo libre, a diferencia del unidimensional, desintegra a la lógica de la dominación.
Se ha ido el promotor de la cultura y del humanismo, pero también el maestro amoroso, así como el docente universitario que entendió que la educación es la herramienta con la que se rompen las cadenas de la opresión. Se ha ido el abogado apegado al Derecho y a la búsqueda de la justicia, especialmente para la gente pobre.
Que la tierra le sea leve, respetado maestro, querido amigo.
Giovanni Carrión Cevallos
@giovannicarrion