Todas las esperas son interminables. El tiempo se alarga, los segundos caen lentamente semejando el pesado son de las gotas de una lluvia que no acaba. La espera es peor cuando lo que se aguarda es la verdad, una verdad que por fin nos revelará la forma secreta de los tejidos que unen la justicia y el poder público con el crimen organizado. Todos ansiamos saber, queremos entender que hay más allá de las palabras bonitas, de las protestas de honestidad, de las apelaciones a un honor imaginario, de los rostros concentrados y serios que nos muestra la televisión y que, desde cualquier esquina de la administración de justicia, nos aseguran que tenemos un sistema judicial independiente e imparcial.
La exageración de tales actores, la pobreza de la tramoya sobre la que interpretan sus papeles, el aire general de teatro de barrio que los envuelve nos hace sospechar que la realidad es distinta de la representación. Malamente y con grave pesar comenzamos a creer en una corrupción profunda y purulenta que infecta nuestras cortes. Los síntomas de tal infección pueden auscultarse sin necesidad de instrumentos puesto que saltan a la vista. Venalidad en algunos lugares, pusilanimidad en otros, franca y directa venta de conciencias en los demás, signos de las emanaciones antiguas y nuevas que asfixian a la Función Judicial.
Las denuncias del juez Rodríguez, el descaro indiferente de Godoy, el torpe encubrimiento parlamentario, son los reflejos últimos del descalabro de todos los intentos de búsqueda de la justicia que se han dado en nuestra vida republicana.
Como en el drama de Becket la espera se convierte en consuelo y en modo de vida. Absurdamente creemos que en esta ocasión caerá el telón, el escenario y la mentira mostrándonos ese rostro ajado de una justicia que inclina su balanza al dinero, al poder, a los invencibles carteles que día tras día se anotan victorias enormes en contra de la honestidad. Como siempre, pese a todas estas derrotas cotidianas, los ecuatorianos seguiremos esperando el destino de Godoy.
Carlos García Torres
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