La elección de políticos corruptos, la tolerancia a narcotraficantes, guerrilleros y sindicalistas en Latinoamérica, reflejan un problema estructural y social. Analistas y estudios lo afirman. La debilidad institucional, la desigualdad social, la falta de calidad educativa y la carencia de formación cívica-democrática contribuyen a esta conducta.
El politólogo Daniel Pécaut (2000), en su libro “El Estado en América Latina”, establece que las democracias en la región presentan altos niveles de clientelismo y captura del Estado, favoreciendo la elección de gobernantes con vínculos ilícitos, lo que genera un círculo vicioso, donde la corrupción es normal y la ciudadanía desilusionada, se vuelve cómplice al elegir populistas o corruptos.
El Latinobarómetro (2024) muestra que, en países como: Honduras, Venezuela y Paraguay, etc., más del 70% de la población desconfía de las instituciones, perpetuando en el poder actores no democráticos.
La influencia del narcotráfico en la política es alarmante. La Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Crimen (2021) evidencia que, en países como México y Colombia, aproximadamente 30% de los políticos y burocráticos investigados por corrupción tienen vínculos con los carteles de la droga, demostrando la injerencia del crimen organizado en la institucionalidad, algo parecido en el resto de los países. Súmese a esto la impunidad, en la mayoría de los países los porcentajes de judicialización son bajos, la tasa de condena por corrupción o narcotráfico se ubica entre el 10 – 15% (Transparency International, 2023).
La presencia de ex guerrilleros y grupos armados en los países, se ha democratizado gracias a la debilidad institucional, la corrupción y la ignorancia de su población. El Centro de Estudios Internacionales (2024) muestra que un 55% de los recursos destinados a seguridad en las naciones se desvían a actividades ilícitas o financiar inestabilidad política, repercutiendo en la sociedad.
Noam Chomsky establece que existe complicidad de las élites y los organismos internacionales frente a estas estructuras, favoreciendo la corrupción y la criminalidad. Mientras esto no cambie, las sociedades latinoamericanas seguirán enfrentando el reto de escapar de la torpeza en las elecciones y del control de actores nocivos que afectan su desarrollo y estabilidad democrática.
Pablo Ortiz Muñoz
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