El odio político como estrategia electoral no es nuevo, este discurso fue posible mediante una lógica bipartidista: la creación de una definición de un “nosotros” y un “ellos” como representantes de una organización enemiga; o peor aún: “yo” y solamente “yo”. El odio como el terror es un instrumento al servicio de intereses politiqueros. La clásica obra de “El Príncipe” de Nicolás Maquiavelo dedica un capítulo para determinar cuáles son las cualidades más deseables en el gobernante. En nuestra llacta, algunos políticos de viejo cuño la han venido utilizando para someter al pueblo a sus protervos intereses.
Este discurso de odio y revanchismo ha sido posible gracias a una mala orientación periodística que hemos realizado… y que algunos hemos corregido. La construcción de códigos deontológicos permitió rectificaciones y cambios de rumbo; pues, en un Ecuador desinstitucionalizado, carente de norte y la guía que nos permita arribar a puerto seguro, la única esperanza y sosiego, el último eslabón entre la vida y la muerte… es el periodismo. No obstante, los politicastros del ayer han sabido comprar conciencias y seguir utilizando medios alternativos para derramar su odio y trazar el camino de la venganza.
Hoy, absortos nos preguntamos ¿Cómo es posible que algunos políticos incluyan el odio en su narrativa y sus peroratas? La respuesta lógica debemos buscarla en dos elementos presentes en la esfera política: la pérdida de identidad ciudadana y el manejo nefasto de un populismo anacrónico cargado de bocinglería de baja ralea. Hoy se defiende a personas, nombres, colores, imágenes en desmedro de las ideas, las propuestas. No se respeta el pensamiento del otro… ¡No! Yo tengo la razón y mi discurso debe prevalecer.
Los partidos políticos quedaron solo como un instrumento de inscripción de candidaturas, pues, la construcción ideológica, el plan de trabajo que debe contener las líneas ideológicas de dicha organización política… quedó en el pasado; inclusive, muchos candidatos, en el mejor de los casos memorizan algunos títulos y los repiten como estribillo de una promesa que no podrán defender… mucho menos cumplir. Dice Javier Sicilia: […] “Si no tenemos policías, jueces, abogados, fiscales, honestos, valerosos y eficientes; si se rinden al crimen y a la corrupción, están condenando al país a la ignominia más desesperante y atroz.”[…] Una realidad que nos golpea en lo presente y lo futuro… salvo que logremos despertar y destruir la política del odio y la venganza; para que esto suceda les deseamos: ..buen viento… y buena mar.
Lenin Paladines Salvador
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