¿Crecimiento para quién? el espejismo macro y la realidad del pueblo

El Gobierno de Daniel Noboa repite que Ecuador crecerá “por encima del 4%” en 2025. Incluso ha llegado a proyectar 4–4,5%, por encima de las estimaciones del propio Banco Central. El mensaje suena optimista; el problema es que confunde tasa con bienestar y promesa con pan en la mesa. La proyección presidencial existe, sí, pero es discutida, agencias y analistas han señalado que el propio BCE prevé un crecimiento menor, y que la economía carga con déficit fiscal, deuda elevada y caída petrolera. En otras palabras: no basta con cantar el número. Cuando bajamos de la macro a la calle, la película cambia. A junio de 2025, la pobreza por ingresos es 24% (rural 41,7%) y la pobreza extrema llega a 10,4% (rural 25,1%). Aunque hay una leve mejora frente a 2024, sigue habiendo millones viviendo con ingresos insuficientes. ¿Crecimiento inclusivo? Todavía no. El mercado laboral confirma la desconexión, apenas un tercio de la población económicamente activa tiene empleo adecuado; el resto sobrevive entre subempleo, informalidad y pluriempleo. En agosto de 2025, el empleo adecuado rondó 35% y el subempleo cerca de 19–21%; no es un país de clase media consolidada, es un país rebuscándosela. Además, el “crecimiento” convive con malestar social. La eliminación del subsidio al diésel decisión defendida como “racional” para las cuentas públicas desató protestas y bloqueos con altos costos para pequeños productores y transporte; y el uso de la fuerza estatal quedó bajo escrutinio tras la muerte de un manifestante kichwa en Imbabura. La economía “crece” mientras el costo de vivir y moverse aumenta, y la confianza se erosiona. El discurso oficial incurre en una falacia de composición, tomar un dato agregado para suponer bienestar general. Crecimiento sin distribución, empleo digno y protección a los vulnerables no es desarrollo, es contabilidad. El país necesita progresividad fiscal, compensaciones focalizadas por el retiro de subsidios, crédito barato para la mipyme y un pacto de precios-salarios que resguarde la canasta del pueblo. Si el Gobierno quiere hablar de “milagro”, que empiece por bajar la precariedad, proteger el ingreso popular y dialogar sin criminalizar la protesta. Entonces sí, los números dejarán de ser promesas y serán comida en la mesa.

Marco A. González N.

marcoantoniog31@hotmail.es

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