Loja respira un aire distinto en septiembre. La llegada de la Imagen de la Virgen del Cisne transforma la ciudad en un espacio de encuentro, fe y tradición. Este año, como innovación, la realización de la Feria del Peregrino no solo acompaña la solemnidad religiosa, también se erige como símbolo de identidad cultural y de impulso a la producción local.
Recorrer la feria es adentrarse en la esencia de Loja: ollas de barro que remiten a lo ancestral, dulces tradicionales que evocan la memoria de nuestros abuelos, y bisutería artesanal que son el resultado del ingenio contemporáneo y expresiones vivas de una identidad que se resiste a ser opacada por lo masivo e industrial, convirtiéndose en un acto de apoyo y de reconocimiento a los artesanos, verdaderos guardianes de la cultura lojana y ecuatoriana.
La Feria del Peregrino no puede quedar como un evento pasajero, dependiente únicamente del calendario religioso; es necesario que se consolide en la perspectiva de fortalecer la economía local con políticas permanentes de promoción cultural y comercial.; se requiere visión, estrategia y, sobre todo, la convicción de que el desarrollo también se teje desde lo artesanal.
En este contexto, la petición de ampliar el horario hasta la noche resulta más que razonable. La ciudad vive intensamente sus noches de septiembre, y sería un error desaprovechar ese flujo de visitantes que, además de venerar a la Virgen del Cisne, buscan llevar consigo un recuerdo material de su paso por Loja y no es solo una concesión a los artesanos, sino una decisión inteligente para dinamizar la economía local y la oportunidad de reconocernos en lo nuestro y proyectarlo con orgullo al mundo.
Sybel Ontaneda Andrade
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