Producto de mis curiosidades intelectuales e históricas sobre Loja, por la lectura del Informe que el Gobernador de nuestra provincia, señor José María Jauregui, presenta el 18 de julio de 1857 al Ministerio del Interior, sabemos que hasta entonces era un grave problema la inexistencia de un cementerio correctamente establecido. Existía un lugar, sí, pero absolutamente inadecuado; lo que relata la autoridad es muy curioso y hasta tétrico, porque denota la informalidad y las pésimas condiciones en que se sepultaba a los lojanos, con excepción por supuesto de las élites. Señala el documento: “esta ciudad no cuenta con un solo establecimiento de esta naturaleza [panteón], así es que los muertos se entierran en un sitio enteramente abandonado, donde no se ve una cruz, un ciprés, ni una tumba si quiera que esciten la piedad y las oraciones de los hombres, recordándoles que allí descansan los restos de los que ya no existen; habiendo sucedido más de una vez que los cadáveres exhumados en alta noche por el hambre de los perros, han quedado insepultos sirviendo de pasto a las moscas y á los cuervos, con harto dolor de los deudos que han visto con sus propios ojos un cuadro tan horripilante como este; siendo mui extraño que en este pueblo, á pesar de ser tan relijioso como es, ni siquiera haya un solo panteón, cuando estos edificios son obras que en todas partes levanta el cristianismo (…)”.
Debo confesar que comparto la impresión de la autoridad dado el legado religioso tan fuerte que Loja ha tenido desde su misma génesis. No es desconocido que para los que somos creyentes, un cementerio es un lugar sagrado de oración y esperanza en la resurrección, lleno de símbolos, y que, por ende, no puede profanarse. En todo caso, y considerando que era una complicación que superaba el aspecto meramente religioso y alcanzaba al tema, por ejemplo, de la salubridad pública, no deja de ser interesante conocer este detalle de nuestra Loja antigua, que muchos años más tarde sería solventado con la construcción del Cementerio Municipal, que se perdió por completo cuando se edificó el Coliseo, y luego con el conocido Parque de los Recuerdos.
José Luis Íñiguez G.
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